
El regalo de cumpleaños que no esperaba
Mi primer contacto con el Reiki fue gracias a mi amiga M. Ella estaba muy conectada con todo lo relacionado con la energía, mientras que yo jamás había oído hablar de ello.
Al principio me mostré bastante reticente. No acababa de creerme eso de «mover la energía». Sin embargo, ella consiguió convencerme para que hiciéramos juntas nuestra primera iniciación.
Fue el 10 de septiembre de 2000, apenas una semana antes de mi cumpleaños, que es el 17 de septiembre. Sin saberlo entonces, aquella iniciación iba a convertirse en uno de los regalos más especiales que podía recibir.
A partir de ahí comenzó un gran cambio en mí.
La primera iniciación
La iniciación fue una experiencia muy hermosa.
Con los ojos cerrados, sentí cómo se abría una especie de canal en mi cabeza que me conectaba con una energía diferente. También vi un flujo de color verde moviéndose por mi cabeza. La sensación fue maravillosa.
Yo seguía siendo un poco reacia a todo aquello y no tenía respuestas para explicar lo que había experimentado. Pero había algo que ya no podía negar:
lo había vivido.
Y para mí, eso fue suficiente para seguir explorando.
El Reiki se convirtió en parte de mi camino
Con la práctica y el paso del tiempo hice el segundo y el tercer nivel y comencé a practicar Reiki con personas, animales e incluso con plantas.
Han pasado más de 25 años desde aquella primera iniciación y el Reiki continúa formando parte de mi vida.
Cuando siento dolor, angustia o simplemente necesito parar y volver hacia mí, sigo practicándolo.
No pretendo convencer a nadie de nada. Sé que cada persona tiene su propia manera de entender estas experiencias. Pero después de tantos años puedo decir algo desde mi propia vivencia:
para mí, el Reiki funciona.
Una experiencia que nunca olvidaré
En 2013 viví una experiencia que reforzó todavía más mi confianza en el Reiki.
Mi hija tuvo que ser operada de un problema que tenía en un lateral de la cara. Durante la intervención resultó afectado el nervio facial y, como consecuencia, su boca quedó torcida.
Verla así era angustiante, y para ella tampoco estaba siendo fácil.
Por aquel entonces se fue a trabajar a Alemania durante unos meses. Estar allí, aprender un idioma nuevo y concentrarse en su trabajo le ayudaron a sentirse un poco mejor y a no pensar constantemente en un problema que le resultaba realmente incómodo.
Yo aproveché aquella etapa para ir a visitarla a Berlín.
Estuve una semana con ella y todas las noches le hacía una sesión de Reiki.
Y entonces ocurrió algo que todavía recuerdo con emoción.
Durante una de aquellas sesiones, mi hija sintió un pequeño «clic» en su cara y, según me contó, en ese momento su boca se enderezó.
A día de hoy su boca está perfecta.
Para mí, aquella experiencia fue extraordinaria y se convirtió en uno de los recuerdos más hermosos de mi camino con el Reiki.
Más de 25 años después
Han pasado más de 25 años desde aquella primera iniciación en la que, con los ojos cerrados, vi aquel flujo verde recorriendo mi cabeza.
Cuando miro hacia atrás, me hace sonreír pensar en aquella mujer escéptica que dudaba de eso de «mover energía» y que, sin embargo, decidió darle una oportunidad.
Desde entonces han pasado muchas cosas y yo también he cambiado mucho.
El Reiki no ha sido la única experiencia que ha formado parte de mi camino, pero sí una de esas experiencias que han permanecido conmigo a lo largo de los años.
No todo lo que vivimos necesita una explicación para dejar una huella en nosotros.
Para mí, aquella primera experiencia fue el comienzo de un camino que todavía continúa.
Y quizá eso sea lo más bonito: que aquel 10 de septiembre de 2000 yo no sabía que estaba abriendo una puerta que seguiría formando parte de mi vida más de 25 años después.
Artículo elaborado por Amor Dulce.
- Experiencia personal de Amor Dulce en la práctica y aprendizaje del Reiki.
- Vivencias personales relacionadas con el Reiki a lo largo de más de 25 años.


